lunes, 20 de febrero de 2017

20.20.17.- CUANDO EN LA URGENCIA EL PACIENTE Y EL SANITARIO NO SE "ENCUENTRAN"






https://medicoacuadros.wordpress.com/2017/02/17/diario-intimo-y-ficticio-de-una-estudiante-del-mir-irresponsable-e-inexperta/

DIARIO INTIMO (y ficticio) DE UNA “ESTUDIANTE DEL MIR, IRRESPONSABLE E INEXPERTA”



LA ACCIÓN:











LA REACCIÓN:



Son las cinco de la mañana, llevo 23 horas trabajando sin descanso, hay demasiados pacientes esperando para poder parar y muchos de ellos muy graves. Estoy con Marta, la R1. Hace unas horas le han avisado que ha fallecido su abuelo. Le hemos dicho que se marche pero insiste en acabar su turno así que le he dicho que se pegue a mi. Hay días que ve pacientes sola pero hoy no está en condiciones.
El servicio está hasta arriba, los adjuntos están con un bebé que ha llegado en estatus epiléptico. He intentado tranquilizar a los padres, no es fácil. Me pongo en su lugar y se me parte el corazón. Pienso en mi Tily, es casi de la misma edad. Espero que esta noche esté bien, la dejé con algo de fiebre.
Acabo de ver a Stefan, un borrachín que nos traen a veces cuando la noche es particularmente fría y le encuentran en la calle. Su historia es algo triste, inmigró a España buscando mejor vida para su familia pero todo resultó un desastre, ahora está solo y pasa la mayor parte del tiempo bebido. Al alta siempre se va lloroso, disculpándose. Es un hombre educado. Pobrecillo. No hacemos mucho por él, a veces un suero, a veces un café caliente.
Me dicen las enfermeras que hay una señora que puedo solucionar rápidamente y entro con Marta a verla. Tiene un insomnio puntual, anda preocupada con un problema de rodilla. no tiene nada grave ni nada urgente. Mientras me lo cuenta, pienso que no me he asegurado que el paciente del box 2 no tiene alergias y le he prescrito ya el antibiótico. Es la segunda vez que me pasa esta semana, tengo que tener más cuidado. Le digo a la señora del insomnio que ahora le traigo una receta, aunque me quedo con las ganas de decirle al marido de cara de poker, que le cante una nana. Me río yo sola. Si le soltara una fresca a todo el que viene con tonterías a urgencias no haría otra cosa.
Este tipo de pacientes me agotan. Personalmente me han quitado las ganas de trabajar en un servicio de Urgencias. Intento no pensar qué haré en unos meses cuando acabe. Llevo seis años de carrera, pasé dos preparando el MIR y voy por cuatro años de residencia. Imagino que haré como Pedro, mi marido que es anestesista, empezar a encadenar contratos de semanas o de días. El mes pasado le contrataron en un hospital de otra ciudad por horas, varias veces. En el banco se rieron cuando fuimos a pedir una hipoteca. Mi cabeza está agotada. Voy a buscar la receta para la insomne, así evito que tenga luego la pobre que ir también a su médico de familia.
Marisa, una enfermera con la que me llevo genial, me grita desde el otro lado del pasillo. Stefan no respira. Parece que esta vez ha tomado más que alcohol. Salgo corriendo. No me había dado cuenta que mis piernas se han hecho de plomo. Efectivamente, se ha parado. Pido que llamen al otro adjunto. El pobre se retiró a descansar hace menos de una hora. Empezamos RCP. El box se llena de gente. Consigo intubarle a la primera, me alegro tanto del curso que hice el mes pasado, aunque supuso separarme de Tily varios días. Espero que no tenga fiebre esta noche. Llegan corriendo los de la UCI, siempre es un placer verlos llegar en estas circunstancias. Se hacen cargo, me quedo ayudando. Conseguimos sacarle de la parada. Me tomaría dos cafés. Hoy les he llamado ya varias veces.
Vaya día llevamos. Hace solo unas horas sujeté la mano de Ezequiel, un anciano que trajeron de la residencia moribundo. Con 93 años y un Alzheimer profundo, se atragantó con la papilla. No pude hacer gran cosa por él. A veces sujetar la mano unos minutos es lo único que puedes ofrecer a alguien así, es frustrante. La familia no llegó a tiempo. Marta y yo nos quedamos con él hasta que dejó de respirar, fuero solo unos minutos. Marta llora, ninguna de las dos llevamos kleenex. Tengo que rellenar el certificado de defunción. Dice Marta que su abuelo también se llamaba Ezequiel. Sigue llorando.
Reviso al paciente del box 2, afortunadamente ya vi que no tiene alergias conocidas. Le ausculto, parece que el nebulizador le ha ido bien. Me sonríe. Le sonrío. El hijo se ha quedado dormido en la silla. Pobre.
Veo a una mujer con varios cortes en la cara y un ojo morado. Tiene una expresión de miedo intenso. Insiste en que se ha caído de la cama. Le pregunto si las cosas en casa van bien. No me mira a la cara, dice que su marido es muy bueno pero que tiene mal carácter. Veo que ha venido varias veces con más “caídas”. Al darle el alta le doy un papelito con el 016 escrito y le explico. Quizás me escuche. Quizás no.
Me acabo de dar cuenta que no cené. Ahora ya no sé si tengo hambre o ganas de vomitar. Estoy rota. Hay un señor gritando en el pasillo. Dice que lleva dos horas esperando y que su dolor de espalda de mas de dos años no aguanta más. Insulta a una auxiliar que intenta calmarle. Llegan los de seguridad. Qué cruz.
Son las ocho, cuento a los adjuntos que llegan frescos lo que queda en Urgencias, tenemos casi todos los boxes  llenos. Si me doy prisa, llego a ver a Tily antes de que Pedro la lleve a la guardería. Su carita siempre me recompone el alma. Me visto deprisa y ya en la puerta me acuerdo de Aurora la pobre señora del insomnio. Maldita sea mi estampa. Me cambio otra vez y vuelvo a entrar. Me encuentro a Bea, la adjunto que mejor me cae y me pregunta a dónde voy con esa cara, que las ojeras me llegan a la barbilla. Qué encanto, me dice que va ella ahora mismo y soluciona la receta de la insomne.
Salgo corriendo del hospital. Miro el reloj. Ya no veré a Tily.






No hay comentarios:

Publicar un comentario